Llegó como el eco de una voz extinguida. Creíamos que su carta dirigida al Presidente era un último acto pero, como pasaba con los Chalchaleros, parece no haber una despedida definitiva. Horas después de la renuncia del jefe de Gabinete, derivada probablemente de una publicidad prevista que aceleró la decisión, se difundió un viejo audio de Manuel Adorni dirigido al contratista encargado de la remodelación de su casa en Indio Cuá. “Te voy a dar un soporte, como hice con todos”, anuncia Adorni, en una grabación en la que se mezclan ingenuidad, hipocresía y amateurismo político. El funcionario que decía que no quería hacer declaraciones –referidas a la kafkiana demora de la presentación de su declaración jurada– para no interferir en la marcha de la justicia, prometía “asistencia” al testigo clave de su causa por enriquecimiento ilícito.
Lo insólito del audio es que Adorni describe como “una boludez” lo que podría leerse como un pedido de encubrimiento al contratista. Lo que lo tenía “desesperado”, continúa en el audio, era la térmica de su pileta. Quizás, conjeturaría un malpensado, por algún cortocircuito generado por la módica cascada.
Manuel Adorni renunció al directorio de YPF tras dejar la Jefatura de Gabinete“¿La justicia ya se expidió al respecto?” esgrimió el Presidente, en su primera entrevista pública después de la renuncia de su jefe de Gabinete. Las causas de corrupción, las pocas que prosperan, demoran en promedio una década en llegar a una sentencia definitiva. ¿Qué deberían hacer los medios, según el razonamiento presidencial, con el audio de Adorni, el video de Jesica Cirio o, en su momento, las imágenes de los bolsos conventuales de José López? ¿Esperar, en el mejor de los casos, hasta 2036 para publicarlos y luego opinar al respecto? El periodismo quedaría reducido a una rama auxiliar de la historiografía. Y las causas de corrupción, la mayor parte de la cuales avanzan por la difusión del trabajo periodístico, en una especie exótica del mundo judicial.
El Presidente puede creer que Adorni fue víctima de una “carnicería mediática”. Hubo -siempre hay- comunicadores inescrupulosos que difundieron información falsa o cuestiones ajenas al interés público relacionadas al funcionario. Se gestó, sobre todo, una embestida feroz en las redes sociales, el hábitat natural del mileísmo.
La causa contra Adorni suma nuevos testimonios: pagos en efectivo, tarjetas prestadas y facturas a nombre de tercerosTodo eso no representa al 95% del periodismo profesional. Sustancialmente, fue Adorni quien se hundió a sí mismo. Subió a su mujer a un avión –el presidencial– al que, según él mismo había dicho, ningún familiar debía subir. Luego, a toda su familia, a un vuelo en avión privado cuyos gastos no pudo explicar con claridad. Reventó tarjetas propias y ajenas superando su volumen de ingresos. Esos “deslices” fueron el preámbulo de significativas elusiones patrimoniales que negó frente al Congreso y la ciudadanía para, luego, asumirse evasor de la propia administración que integraba. Y, para esquivar la tipificación del delito de enriquecimiento ilícito, después de adherir al régimen de inocencia fiscal habló de inversiones en criptomonedas cuya verosimilitud fue socavada por registros fílmicos en los que confesaba escaso conocimiento en la materia. Fue el jefe de ministros y estratega comunicacional del Gobierno quien, inconsciente y despreocupadamente, reunió los condimentos más pintorescos y eficaces para atraer la atención del público sobre una tragicomedia que lo tuvo como protagonista.
Experimento
La instalación de Diego Santilli en la silla que dejó Adorni disparó diversas lecturas. Algunos piensan que pasamos de un improvisado ministro coordinador que dinamitó la legitimidad del discurso anticasta a un profesional que anuncia una nueva “Coordinadora”. El periodista Martín Rodríguez Yebra interpreta el movimiento en un juego de espejos de los dos protagonistas de la derecha argentina: “Del mileísmo sin Milei, que buscaba el círculo rojo, pasamos a un macrismo sin Macri”. El ministro potenciado, que mantiene la cartera de Interior, tiene en el Gabinete al ex ministro de Finanzas de Mauricio Macri (hoy ministro de Economía) Luis Caputo, al jefe de Gabinete de ese ministerio (actualmente canciller) Pablo Quirno, al ex presidente del Banco Central de esos años (hoy ministro de Desregulación) Federico Sturzenegger y al ex fiscal general de la capital que gobierna el PRO (actual ministro de Justicia) Juan Bautista Mahiques. A Patricia Bullrich en la conducción de la estrategia oficialista en el Senado y, socio político histórico de Santilli, a Cristian Ritondo en Diputados, hoy jefe de bloque del PRO.
Esta última lectura, la de una infiltración amarilla a la estructura violeta, puede adolecer de cierto anacronismo. La hipótesis cromática se basa en la adscripción originaria de protagonistas del actual Gobierno que tienen diversos recorridos, algunos con notorias metamorfosis. Veremos si el nuevo polígono puede opacar al otrora férreo triángulo.
Santilli juró con el respaldo de los gobernadores: qué hizo Jaldo y qué otros mandatarios lo acompañaronEl movimiento sí preanuncia plasticidad y un grado de personalidad propia en algunos de los actores, ausente hasta ahora –con excepciones– en el homogéneo y obsecuente universo mileísta. Podría iniciarse una etapa de atenuación de la agresividad discursiva y de ciertos retaceos económicos para alinear intereses con los gobernadores que garanticen votos en el Congreso, además de restañar heridas generadas al PRO, de cara a una confluencia electoral. La lista de los 14 mandatarios provinciales que dieron el presente en el debut de Santilli, entre los que estuvo Osvaldo Jaldo, puede sugerir una territorialidad posible para las alianzas que trataría de anudar el nuevo jefe de Gabinete, un ex larretista cuyo currículum prueba su elasticidad para la tarea que tiene por delante.
En medio de esas contorsiones, a Milei se le ocurrió recordar vicisitudes procesales y desatinos financieros de Mauricio Macri y su gobierno, comparándolos con Adorni y su gestión. El escorpión no puede evitar picar a la rana en el momento en que debe atravesar el río montado sobre su lomo.
Estuvimos peor, ¿estaremos mejor?
El Presidente cree que los avatares de Adorni sirvieron de señuelo para desviar la atención pública de sus logros. Un riesgo país que llega a su menor nivel en ocho años, una inflación que invierte su inercia alcista, anuncios de grandes inversiones que anticipan un porvenir luminoso.
Si nos esperan los mejores meses de la Historia y la economía crece en 2027 a tasas chinas, la reelección será el paseo que vaticina el ministro Luis Caputo. Si lo que viene se parece a lo que indican los pronósticos más modestos de la mayoría de los economistas y/o si la política no corrige desatinos como los que generó en los últimos tiempos –algunos ligados a la interna Karina-Caputo–, el resultado electoral estará tan abierto como el Mundial de fútbol.
Respuesta de un legislador a las críticas libertarias y un apoyo peronista para SantilliEl Gobierno intenta obnubilar los malestares del presente con el contraste del recuerdo del pasado y los destellos de una prosperidad futura. Del 211% de inflación de 2023, plantea el oficialismo, podemos pasar a una Argentina estable y nutrida por los recursos subterráneos que buscan emerger. El eslogan menemista “estamos mal pero vamos bien” es reformulado por el mileísmo: “estuvimos peor, estaremos mejor”. Ya está presente, en el imaginario argentino, la posibilidad de un futuro con oasis sauditas de petróleo, gas y minerales. Resta, al Gobierno, insuflar fuerzas en el resiliente grupo de argentinos que lo acompañó con su voto en 2023 y 2025, además de explicar cómo esos recursos beneficiarán a quienes no habitan las regiones premiadas por la naturaleza.
La grandilocuencia del discurso oficial esconde una medianía palpable. Aunque, con ciertos complementos, podría ser suficiente para pedir una vuelta más. Tres años encadenados de crecimiento a tasas bajas e inflación cayendo no garantizan, a un oficialismo de turno, resultados electorales favorables en un país promedio. En uno tan distorsionado como el nuestro, ante la opción de un regreso a un pasado que muchos rechazan, puede bastar si se asocia a una estrategia electoral inteligente. Hace casi dos décadas que los argentinos no tenemos un trienio de crecimiento con una inercia inflacionaria a la baja.
Diego Santilli: “Manuel Adorni irá a la Justicia a defenderse sin fueros ni privilegios"La valoración de una estabilidad en ciernes requiere ser complementada por una revitalización de la actividad económica. Si el dinamismo se concentra en sectores que dan poco empleo y no derraman lo suficiente sobre el resto, la viabilidad electoral del modelo se resentirá. Ingresos que corrieron detrás de la inflación se enfrentaron a tarifas de servicios, cuotas escolares, gastos de salud y alquileres que le ganaron o equipararon la suba generalizada de precios. Ese combo multiplicó el endeudamiento doméstico a tasas altas y -en segmentos de las clases medias y acomodadas- el uso de ahorros en dólares licuados por el atraso cambiario. Tenemos un consumo dual. Alto en bienes suntuarios, ligado a los sectores ganadores, y en caída sostenida en el segmento masivo.
En el altísimo porcentaje de ciudadanos que hace malabares para llegar a fin de mes impactaron las imágenes y los audios que revelaron inconsistencias discursivas, maniobras inmobiliarias y lujos turísticos encarnados en un funcionario de un gobierno que postula a la moral –y al ajuste– como política de estado. El Gobierno tiene por delante días mundialistas que le dan tiempo para alistarse antes de empezar a trotar, con aire renovado, en una prematura y extensa maratón electoral.